Invito a volver a ¡escuchar tu cuerpo! Te habla constantemente y te comunica lo que necesitas: hambre, sed, sueño, cansancio... El dolor siempre te quiere decir algo, la mala digestión te avisa de que no comas esto o aquello, la rinitis que no tomas demasiados lácteos, el dolor de cabeza que igual es momento de parar un rato… El organismo es sabio y sabe lo que necesita. Solo que ya hemos desaprendido a escucharlo, pasamos de todos estos síntomas, nos enchufamos una pastilla y a continuar… con el ritmo feroz. Hazle caso, come, bebe, duerme, descansa y sobre todo sigue la necesidad de ir al lavabo, no pases de todas estas alarmas, puede que un día sea demasiado tarde.
Nuestro cuerpo es nuestro templo y hay que cuidarlo y mimarlo. Ya está haciendo cada día un trabajo descomunal para mantener todo en equilibrio no lo machaques más con tóxicos (tabaco, alcohol, medicamentos, mala alimentación…). Hazle limpieza a fondo de vez en cuando, tu organismo es como la tierra buena que hay que trabajarla, airarla, sacarle la mala hierba y añadirle abono.
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domingo, 18 de diciembre de 2011
domingo, 6 de noviembre de 2011
El colesterol a raya
Nuestro cuerpo necesita colesterol y por esto el mismo lo fabrica en cierta cantidad. Fisiológicamente, el nivel de colesterol total en sangre aumenta con la edad. Si de jóvenes hasta los 40 es normal tener un nivel de total 200 g/l, a partir de los 45-50 ya marca unos 220 g/l aumentando a 250 a los 60 años. Son todos valores deseables y para la salud es mejor quedarse debajo de estos. Lo que intentan algunos médicos ahora es que todos, jóvenes y personas de edad ya más avanzada queden debajo de los 200 g/l como sea, en la mayoría de los casos suministrando estatinas. Esta sustancia inhibe la formación de colesterol endógeno, es decir, aquel que fabricamos nosotros, con no pocos efectos secundarios como la sobrecarga del hígado (es dónde se fabrica el colesterol) o la inflamación de las fibras musculares, creando problemas de funcionalidad y dolor muscular.
Cuando nos analicen el colesterol hay que diferenciar entre el valor total, el valor del HDL (el llamado "bueno") y el del LDL (el "malo" de la película). Por lo tanto, es deseable tener un valor alto de HDL. Esto se consigue con una alimentación sana basada en mucha verdura y fruta, cereales integrales y poca proteína animal. El valor alto de LDL no solo se debe a una dieta mal escogida (que también), sino que se debe a una tercera parte a los genes, otra a la alimentación y la última parte al.. estrés. Hete aquí otra vez el malísimo de la película: estrés en combinación con mala alimentación = bomba de relojería. Es una lástima que la ciencia centre sus estudios básicamente en los genes, cuando con pocos cambios en nuestros hábitos podemos incidir – y mucho - en nuestra salud.
¿Cómo volver a valores más normales? Un cambio de dieta y de actitud ante la vida combinado con actividad física diaria ayuda a equilibrar los valores. También hay estatinas naturales y plantas que apoyan la eliminación del colesterol. Y no hay que olvidarse de cuidar del hígado. Obviamente, no es lo mismo tener un hígado de 20 que de 45 años. Pero le podemos dar un respiro de vez en cuando haciendo dieta específica, regalarle un drenaje y apoyando todo el sistema de eliminación con lavativas periódicas.
Una última reflexión al respecto. Siempre es recomendable acudir a un profesional de salud y no automedicarse. Aunque se traten de plantas y de productos naturales, su uso no puede ser ni prolongado en el tiempo ni combinado con otras sustancias sin conocimiento de causa.
Cuando nos analicen el colesterol hay que diferenciar entre el valor total, el valor del HDL (el llamado "bueno") y el del LDL (el "malo" de la película). Por lo tanto, es deseable tener un valor alto de HDL. Esto se consigue con una alimentación sana basada en mucha verdura y fruta, cereales integrales y poca proteína animal. El valor alto de LDL no solo se debe a una dieta mal escogida (que también), sino que se debe a una tercera parte a los genes, otra a la alimentación y la última parte al.. estrés. Hete aquí otra vez el malísimo de la película: estrés en combinación con mala alimentación = bomba de relojería. Es una lástima que la ciencia centre sus estudios básicamente en los genes, cuando con pocos cambios en nuestros hábitos podemos incidir – y mucho - en nuestra salud.
¿Cómo volver a valores más normales? Un cambio de dieta y de actitud ante la vida combinado con actividad física diaria ayuda a equilibrar los valores. También hay estatinas naturales y plantas que apoyan la eliminación del colesterol. Y no hay que olvidarse de cuidar del hígado. Obviamente, no es lo mismo tener un hígado de 20 que de 45 años. Pero le podemos dar un respiro de vez en cuando haciendo dieta específica, regalarle un drenaje y apoyando todo el sistema de eliminación con lavativas periódicas.
Una última reflexión al respecto. Siempre es recomendable acudir a un profesional de salud y no automedicarse. Aunque se traten de plantas y de productos naturales, su uso no puede ser ni prolongado en el tiempo ni combinado con otras sustancias sin conocimiento de causa.
martes, 20 de septiembre de 2011
El peligro de las dietas proteicas
Por fin se empieza a cuestionar las dietas proteicas: en El País del 11 de septiembre alertan sobre las posibles consecuencias de mantener la dieta Dukan en el tiempo.
A parte de lo que se enumera como posibles efectos secundarios indeseados como “la recuperación de los kilos perdidos- y la posible relación del método con alteraciones renales”, hay que destacar también problemas que pueden aparecen a largo plazo y que no se suelen relacionar con un pasado de dietas de este tipo.
Al restringir los hidratos de carbono como fuente de energía, el cuerpo puede procesar la proteína para obtener energía, pero con un trabajo metabólico más complejo. Esto conlleva más desechos y más toxinas, cuya cantidad hace que el hígado tenga que trabajar más de lo debido. Resultado: las toxinas y desechos se depositan en articulaciones (provocando gota, artritis) o en túbulos renales (formando cálculos). Pero lo peligroso es el efecto a largo plazo. Ingerir demasiada proteína acidifica el organismo, ambiente que puede dar paso a enfermedades crónicas.
Para mantener un buen equilibrio entre ácido y alcalino, tendríamos que ingerir un 80% de alimentos con efecto alcalino y sólo el 20% con efecto ácido. Alimentos alcalinizantes son por ejemplo: verdura, fruta, cereales integrales, los acidificantes: toda la proteína de origen animal, azúcar, café y cereales refinados o sea pan blanco, arroz blanco, pasta blanca…. No es de extrañar que tengamos tantos trastornos debido a mala alimentación. A través de una acción tan cotidiana como es la nutrición, podemos hacer mucho bien, pero también mucho mal.
No estaría de más, recordar a nuestros pacientes (y a ciertos médicos) lo que nos dejó Hipócrates “Que el alimento sea tu mejor medicina y tu mejor medicina sea tu alimento”.
El Pais, 11 de septiembre 2011, http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Pocos/milagros/dieta/Dukan/elpepisoc/20110911elpepisoc_4/Tes
A parte de lo que se enumera como posibles efectos secundarios indeseados como “la recuperación de los kilos perdidos- y la posible relación del método con alteraciones renales”, hay que destacar también problemas que pueden aparecen a largo plazo y que no se suelen relacionar con un pasado de dietas de este tipo.
Al restringir los hidratos de carbono como fuente de energía, el cuerpo puede procesar la proteína para obtener energía, pero con un trabajo metabólico más complejo. Esto conlleva más desechos y más toxinas, cuya cantidad hace que el hígado tenga que trabajar más de lo debido. Resultado: las toxinas y desechos se depositan en articulaciones (provocando gota, artritis) o en túbulos renales (formando cálculos). Pero lo peligroso es el efecto a largo plazo. Ingerir demasiada proteína acidifica el organismo, ambiente que puede dar paso a enfermedades crónicas.
Para mantener un buen equilibrio entre ácido y alcalino, tendríamos que ingerir un 80% de alimentos con efecto alcalino y sólo el 20% con efecto ácido. Alimentos alcalinizantes son por ejemplo: verdura, fruta, cereales integrales, los acidificantes: toda la proteína de origen animal, azúcar, café y cereales refinados o sea pan blanco, arroz blanco, pasta blanca…. No es de extrañar que tengamos tantos trastornos debido a mala alimentación. A través de una acción tan cotidiana como es la nutrición, podemos hacer mucho bien, pero también mucho mal.
No estaría de más, recordar a nuestros pacientes (y a ciertos médicos) lo que nos dejó Hipócrates “Que el alimento sea tu mejor medicina y tu mejor medicina sea tu alimento”.
El Pais, 11 de septiembre 2011, http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Pocos/milagros/dieta/Dukan/elpepisoc/20110911elpepisoc_4/Tes
lunes, 6 de septiembre de 2010
Vacaciones.... al hígado
Los pequeños estragos del verano pasan factura: Helados, cervecitas, mariscos & co. afectan al trabajo del hígado. El hígado es nuestro órgano limpiador, por aquí pasan todos los elementos nocivos a eliminar, tanto los que vienen de fuera (medicamentos, metales pesados, grasa etc.), como los producidos por nuestro organismo (colesterol p.ej.). Si el hígado no está bien, se resiente todo el organismo: puede haber cansancio, falta de apetito o digestiones lentas y pesadas.
Para mantenerlo sano, nada mejor que regalarle vacaciones de vez en cuando. Las mejores épocas son ahora en septiembre y en enero, justo después de las épocas con más "extras". Como hacerlo? La versión más llevadera dura una semana y es tan fácil como seguir las siguientes pautas:
Con estas sencillas pautas devolvemos energía al hígado y con el, a todo el organismo.
Pero como siempre, el mejor tratamiento es la prevención. Por esto, lo mejor es hacer cambios en la dieta diaria, que se base sobre todo en verdura, cereales integrales y fruta y en que todo lo dulce, las proteínas animales y el alcohol se vean reducidos a ocasiones especiales.
Para mantenerlo sano, nada mejor que regalarle vacaciones de vez en cuando. Las mejores épocas son ahora en septiembre y en enero, justo después de las épocas con más "extras". Como hacerlo? La versión más llevadera dura una semana y es tan fácil como seguir las siguientes pautas:
- Durante una semana, comer solo verdura, fruta y cereales integrales
- Eliminar toda proteína animal: nada de carne, pescado, embutido ni productos animales como lácteos, yogures, queso...
- Eliminar todo lo dulce: azúcar, bollería, chocolate, chuches etc.
- Reducir a un mínimo las grasas, consumir muy poco aceite de oliva
Con estas sencillas pautas devolvemos energía al hígado y con el, a todo el organismo.
Pero como siempre, el mejor tratamiento es la prevención. Por esto, lo mejor es hacer cambios en la dieta diaria, que se base sobre todo en verdura, cereales integrales y fruta y en que todo lo dulce, las proteínas animales y el alcohol se vean reducidos a ocasiones especiales.
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